Jesús, Su Vida

Parte 8: Los Milagros que hizo Jesús

Jesús realizó muchos milagros para mostrar su identidad como el Hijo de Dios.

Escrito por GodLife
Series: Jesús, Su Vida
Temas: Jesus, Milagros

Jesús realizó muchos milagros.

Justo después del Sermón del Monte, “Al bajar Jesús por la ladera del monte, grandes multitudes lo seguían. Un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él. —Señor —dijo el hombre—, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio. Jesús extendió la mano y lo tocó —Sí quiero —dijo—. ¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció. —No se lo cuentes a nadie —le dijo Jesús—. En cambio, preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra. Esto será un testimonio público de que has quedado limpio.” (Mateo 8:1-4)

En otro momento, Jesús calmó una tormenta poderosa.

“Jesús entró en la barca y comenzó a cruzar el lago con sus discípulos. De repente, se desató sobre el lago una fuerte tormenta, con olas que entraban en el barco; pero Jesús dormía. Los discípulos fueron a despertarlo: —Señor, ¡sálvanos! ¡Nos vamos a ahogar! —gritaron.

—¿Por qué tienen miedo? —preguntó Jesús—. ¡Tienen tan poca fe!
Entonces se levantó y reprendió al viento y a las olas y, de repente, hubo una gran calma.

“Los discípulos quedaron asombrados y preguntaron: ‘¿Quién es este hombre? ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!’.” (Mateo 8:23-27)

En otra ocasión, Jesús y sus discípulos vinieron a la ciudad de Jericó. “Mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad, una gran multitud los siguió. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino. Cuando Bartimeo oyó que Jesús de Nazaret estaba cerca, comenzó a gritar: ‘¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!’.

‘¡Cállate!’, muchos le gritaban, pero él gritó aún más fuerte: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’.

Jesús se detuvo y dijo: ‘Díganle que se acerque’.

Así que llamaron al ciego. ‘Anímate —le dijeron—. ¡Vamos, él te llama!’. Bartimeo echó a un lado su abrigo, se levantó de un salto y se acercó a Jesús.

—¿Qué quieres que haga por ti? —preguntó Jesús.

—Mi Rabí —dijo el hombre ciego—, ¡quiero ver!

Y Jesús le dijo: —Puedes irte, pues tu fe te ha sanado. Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino.” (Marcos 10:46-52)

Jesús nunca realizó un milagro para presumir.

Él realizó milagros para satisfacer necesidades verdaderas. De hecho, una vez cuando algunos fariseos le pidieron que hiciera un milagro solo para demostrar Su poder, Jesús se negó. Él realizó milagros porque Él amaba a la gente y quería satisfacer sus necesidades, no para impresionar a otros.

Una vez “el líder de una sinagoga se le acercó y se arrodilló delante de él. ‘Mi hija acaba de morir —le dijo—, pero tú puedes traerla nuevamente a la vida solo con venir y poner tu mano sobre ella’. Entonces Jesús y sus discípulos se levantaron y fueron con él.

“Justo en ese momento, una mujer quien hacía doce años que sufría de una hemorragia continua se le acercó por detrás. Tocó el fleco de la túnica de Jesús porque pensó: ‘Si tan solo toco su túnica, quedaré sana’.

“Jesús se dio vuelta, y cuando la vio le dijo: ‘¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado’. Y la mujer quedó sana en ese instante.

“Cuando Jesús llegó a la casa del oficial, vio a una ruidosa multitud y escuchó la música del funeral. ‘¡Salgan de aquí! —les dijo—. La niña no está muerta; solo duerme’; pero la gente se rió de él. Sin embargo, una vez que hicieron salir a todos, Jesús entró y tomó la mano de la niña, ¡y ella se puso de pie! La noticia de este milagro corrió por toda la región.” (Mateo 9:18-26)

Dios es el Soberano sobre cielo y tierra.

Él puso en su lugar las leyes físicas que gobiernan el universo. Pero Dios también tiene el poder de anular esas leyes si Él quiere. Jesús mostró ese poder, y su motivación siempre fue el amor. Él sanó a los enfermos, resucitó a los muertos, caminó sobre agua, y alimentó a miles de personas que no tenían comida. Las multitudes le seguían por Sus milagros. Pero Jesús les enseñó mediante su vida que amar a Dios y recibir Su reino es aun más grandioso que los milagros.

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